Desde sus orígenes, el hombre se ha visto amenazado por distintos peligros.
Ha tratado de encontrar soluciones, adoptando distintas actitudes.
Entre ellas ha visto la posibilidad de transferir el peligro o riesgo al que pudiese ser expuesto.
En este marco aparece el Seguro. Nace de una necesidad de previsión para amortiguar o compensar las consecuencias económicas de acontecimientos dañosos.
El Seguro surge como un tipo de financiamiento, mediante el cual no se traspasa el peligro en sí, sino parte de sus efectos financieros, disminuyendo así las pérdidas que pudiera sufrir el asegurador en sus bienes o personas, en caso de suceder
un incidente no planeado que trae consecuencias económicas negativas.

Orígenes del concepto del Seguro
El concepto de seguro, existe desde hace miles de años. Desde tiempos remotos, las sociedades han establecido fondos comunes para ayudar a los desvalidos,
estos fondos son los Sistemas de Ayuda Mutua.
Las primeras instituciones semejantes al SEGURO se encuentran ya en las culturas de Asiria y Babilonia, hace más de 45 siglos.

En Asiria, donde los incendios causaban cuantiosas pérdidas a los suntuosos y magníficos edificios, los Sumos Sacerdotes
vieron consumirse de la noche a la mañana sus espléndidos tesoros.
Obtuvieron del soberano la facultad de decretar la repartición del riesgo entre toda la colectividad. Si bien este tipo de compensación difiere mucho del Seguro moderno, revela cómo, en los albores de la Humanidad,
se sentía ya la necesidad del hombre de buscar en el Seguro la previsión contra lo desconocido.

En Babilonia, hace ya más de 4.000 años, se originó el primer tipo de indemnización por riesgos en viajes terrestres.
Babilonia era un pueblo de comerciantes. De un punto a otro del Oriente traficaban caravanas de mercaderes que llevaban mercancías de inestimable valor: sedas exóticas, tapices finísimos, joyas y especies diversas.
Para asegurarse contra las contingencias de los largos y penosos viajes los empresarios de las caravanas unían sus efectivos y se comprometían a indemnizarse mutuamente en caso de que alguno de ellos perdiera sus mercaderías o sus camellos a causa de robo o asalto, hechos comunes en aquellos tiempos. En el Código de Hammurabi (colección de leyes babilónicas anterior, según se cree, a la Ley de Moisés) ya constaba una
especie de Seguro de Crédito y de transporte tanto de Buques como de Mercancías.
Los armadores de la antigüedad financiaban sus expediciones comerciales con los préstamos de inversores, y no los tenían que reintegrar si se hundía el barco. No obstante, dado que muchos buques regresaban a puerto sin percances, los intereses que pagaban sus armadores servían de compensación a los prestamistas.

En Grecia la “Ley Rodhia de Jactu”, regulaba el sector marítimo. Una pérdida se repartía entre todos los propietarios de la mercancía transportada en el barco.
Esta ley constituye la base del Derecho Mercantil Marítimo. Los griegos tenían una asociación llamada “ERANOL” por la que daban asistencia a necesitados a través de un fondo común constituido por todos los agremiados.
Los esclavos tenían en la antigua Grecia un papel preponderante en la estructura económica, pues constituían un elemento de trabajo irremplazable. Sucedió que los esclavos crearon una época de verdadera inseguridad civil en varios Estados, con sus frecuentes motines, y aprovechaban esta circunstancia para fugarse en gran número, causando así enormes perjuicios a sus propietarios. La fuga de sus esclavos podía arruinar a un propietario y, a fin de compensar las pérdidas que esta situación les significaba, los propietarios de esclavos celebraban contratos especiales con los banqueros, quienes, mediante una retribución periódica se comprometían a indemnizarles en caso de fuga de un esclavo.

En Roma, existía una asociación de militares que aportaban una cuota con la que tenían derecho a una indemnización para gastos de viaje por cambio de guarnición en caso de retiro o muerte.
Los artesanos formaban el “Collegia Tenuiorum” “Collegia Funeraticia” con el que los particulares gozaba de gastos por muerte, seguridad constituida por un fondo formado por el estado y por los beneficios y herencias dejadas por socios muertos.
También existía el “Préstamo a la Gruesa” por el que un propietario o armador de una nave tomaba como préstamo una suma igual al valor de la mercancía transportada, en caso de feliz arribo el prestatario reembolsaría el capital más un interés del 15 % del capital, en caso contrario, el prestatario no debía nada.
El PHOENUS NAUTICUM, primer tipo de seguro marítimo data de 1347 conocido en la Historia, suscrito en Génova nació de la necesidad de cubrir los riesgos de la navegación romana primitiva, expuesta a la piratería y a los peligros del mar.
Amparaba tanto los accidentes del transporte como la tardanza en la llegada del buque a su destino. Las ASOCIACIONES DE LEGIONARIOS son otras de las instituciones de la Antigua Roma que se anticiparon en cierto modo al Seguro Moderno. Estas asociaciones estaban formadas por oficiales de las legiones romanas, a quienes, en tiempos del Imperio, se trasladaba frecuentemente de uno a otro punto del mundo entonces conocido. Para poder hacer frente a los fuertes desembolsos que les significaban estos viajes, y para realizarlos con la mayor comodidad posible, estos oficiales se asociaban entre sí y obtenían de su Asociación los fondos necesarios. Esta corporación auxiliaba también a la familia del oficial en caso de que éste muriera en el campo de batalla. Así nació el Primer Seguro de Vida.

Durante la Edad Media existían ayudas mutuas como:
– “Las Guildas” que proporcionaban ayuda mutua de carácter religioso.
alcanzaron un gran desarrollo en la Edad Media, y constituyeron la forma característica del Seguro en aquella etapa de la Historia. Fueron, prácticamente, mutualidades de personas que se unían para indemnizarse solidariamente de las pérdidas que pudieran sufrir en sus propiedades.
Hay ya un principio de interés común, que es la fuerza motriz de estas asociaciones: la inseguridad de todos.
Costeaban gastos funerarios, cubrían perjuicios por robo, incendio, granizo, para auxiliar a los enfermos incurables, y en general, para indemnizar a sus asociados de los muchos riesgos que surgían cotidianamente.
– Los Monasterios daban socorro y caridad a huérfanos, viudas y desempleados, por medio de limosnas.
– Jura, que daban protección por medio de rentas y pensiones que daban los reyes por gracia o merced.
– Tontinas, de origen italiano que consistían en sumas fijas de dinero cuyo total se dividía entre el número de supervivientes a una fecha dada.

ESPAÑA fue una de las primeras naciones en reglamentar el Seguro Marítimo y ya a fines del siglo XV los Reyes Católicos concibieron y dictaron en Medina del Campo la “Ordenanza de Bilbao”, ratificada en 1511 en la ciudad de Sevilla por la reina doña Juana. El primer contrato celebrado en aquella época revela ya la generosidad de los aseguradores y expresa en parte “…si (lo que Dios no quiera) por alguna tormenta, y con parecer de los pilotos, marineros y pasajeros, por salvar las vidas, o por rescatarlas o por otro beneficio común, conviniere alijar el navío, se haga sin esperar consentimiento nuestro… y pagaremos las costas y gastos que se hicieren aunque no haya probanza ni testimonio…”

En LONDRES en 1574 el comerciante inglés Richard Chandler obtuvo la concesión para emitir en su país toda clase de pólizas. Estableció entonces la Cámara de Seguros de Londres, institución que emitió la primera póliza de seguros de vida, cuyo original se conserva. Mediante aquel documento trece comerciantes de la ciudad se obligaban, el 15 de junio de 1853, por una prima de 8% del capital asegurado, a pagar a Richard Martin, la suma de 10.000 francos en caso que William Gibbons muriera ese año.

En el siglo XVII el pueblo de Londres asistía orgulloso al progreso de su ciudad. La metrópoli inglesa crecía rápidamente, gracias al esfuerzo y al espíritu de iniciativa de sus habitantes. Pero el destino tenía reservada a los londinenses una inmensa tragedia, que habría de poner a prueba su temple y su coraje. En el año 1666 un gigantesco incendio conmovió a la gran ciudad de Londres. Muchas familias vieron desaparecer su hogar en el gran incendio, y el balance fue pavoroso: 13.200 casas, la Catedral de San Pablo y 99 iglesias quedaron destruídas por el fuego. De esta inmensa tragedia -que ha pasado a ocupar un sitio en la historia como EL GRAN INCENDIO DE LONDRES- el mundo obtuvo un gran beneficio: se creó en Inglaterra el SEGURO CONTRA INCENDIO.

En 1677, en Hamburgo, se funda la primera caja general pública de incendios, formada por varios propietarios que reunían cierta cantidad para socorrerse entre ellos en caso de incendio.

En 1681, surge la primera compañía de Seguro contra Incendio “FIRE Office”.

Hacia 1688, Edwuard Lloyd era dueño de un café frecuentado por comerciantes y banqueros londinenses que se reunían allí para negociar. Por la modesta suma de un penique, los armadores y los capitanes mercantes disfrutaban de una taza de café, un asiento junto al fuego, y del derecho a consultar el boletín noticioso. Era el café de LLOYD’S de LONDRES, donde acudían los comerciantes y los aseguradores en busca de noticias de los barcos en que estaban interesados. Las pólizas de LLOYD’S reflejan gran parte de la historia del mundo y de los grandes acontecimientos ocurridos desde su fundación, hechos que corren paralelos a los grandes progresos con que ha contribuido esta organización aseguradora al bienestar de la humanidad: el primer código de señalización de auxilio, el primer servicio de botes-salvavidas y muchos otros.Los financieros que ofrecían contratos de seguros escribían su nombre bajo la cantidad específica de riesgo que aceptaban cubrir a cambio de cierto pago o prima. A estos agentes se les llegó a conocer como underwriters (literalmente, “suscriptores”), pues suscribían el contrato, es decir, firmaban al pie. Finalmente, en 1769, Lloyd´s se convirtió en una comunidad formal de aseguradores que llegó a ocupar el primer lugar en los seguros de transporte marítimo.

Las bases técnicas del seguro surgen desde 1654 con el Cálculo de Probabilidades y la Ley de los Grandes Números, iniciando por De Mére. En 1693, en Londres, se presentó un estudio sobre mortalidad humana y así una serie de estudios que beneficiaron la empresa del Seguro. Todas estas aportaciones ayudaron al surgimiento de las empresas aseguradoras con estas bases.

En 1699 surge la compañía de seguros sobre la vida “Society of Assurance of Widows and Orphans”

Hasta fines del siglo XVII el Seguro careció de muchos de los elementos del Seguro moderno y constituía de parte del asegurador una especie de aventura, una apuesta en la que intervenía un deseo casi romántico de tentar al destino.

No existían entonces los cálculos actuariales, y se contrataba el Seguro únicamente por plazos determinados y para cubrir sólo ciertos riesgos. Fue en el año 1693 cuando el Seguro de Vida recibió un notable impulso, con la publicación de la primera Tabla de Mortalidad, editada por el astrónomo inglés Haley, que prácticamente sembró el pánico entre los aseguradores por sus conclusiones pesimistas.

Uno de los movimientos más importantes de la Humanidad: el que consagró los Derechos del Hombre y el principio de “Libertad, Igualdad y Fraternidad“, puso también en grave riesgo la existencia del Seguro como institución.

La Revolución Francesa creó una corriente de odios incontrolados hacia las clases altas y adineradas de Francia, y los revolucionarios exigieron la disolución de las grandes entidades comerciales y la confiscación de sus bienes. Consciente de la gravedad de tal medida para los intereses de la ciudadanía, Mirabeau, el gran tribuno, hizo en la asamblea la defensa del Seguro, exaltando su contribución y necesidad al progreso de todas las clases sociales. Se impuso la serenidad, y una vez calmados los ánimos y adentrada la razón en los ofuscados, el Seguro surgió de la amenaza de su desaparición con toda la fuerza de las grandes causas.

– Hoy día los seguros se siguen contratando a fin de compartir los riesgos.
– Las compañías modernas estudian las estadísticas que indican la frecuencia de pérdidas en el pasado, y con esos datos prevén las que experimentarán sus clientes en el futuro.
– Con las primas que reciben de sus numerosos asegurados establecen un fondo para compensar a los que sufran alg ún tipo de daño.